Yoko Ogawa: Reseña de "Los tiernos lamentos"




Pues sí, esto es una reseña, pero sin fotografía propia del libro, y la razón es muy sencilla. No lo encuentro en medio de esta especie de biblioteca generacional de Alejandría en que se ha ido convirtiendo mi casa.



¿Por qué la traigo por aquí? Porque recuerdo que la reseñé brevemente por otra parte y quisiera que quedara también en el cajoncito personal de mi blog.



—Pues a ver de qué te acuerdas, Ada—me estarás diciendo.



¡Tranquilidad!… que sin tener el libro delante, tengo muy claro lo que me quedó de su lectura.

Esta novela de Yoko Ogawa, autora japonesa nacida en 1962, gira en torno al curioso triángulo formado por Ruriko, de profesión calígrafa, Nitta, un fabricante de clavecines y Kaoru, una joven que aprende con él el oficio. Ruriko acaba de dejar a su marido infiel y huye, sin dejar siquiera una nota, a refugiarse en su casa de verano. Es allí donde traba relación con los otros dos personajes, que construyen sus instrumentos en una casa cercana.


¿Qué me viene a la cabeza de este libro? Sus sensaciones: ese tomate cortado, aplastado, casi sanguinolento que la protagonista prepara en la cocina , el sonido persistente del vecino aprendiz de violín que suena tras las paredes de su apartamento en la ciudad...


La novela transcurre despacio, minuciosa, sensorial, detallista en lo cotidiano, lo pequeño y todas esas nimiedades acompañan paso a paso a otros temas más duros: el fracaso del matrimonio, el llamado “ miedo escénico”, los malos tratos y por supuesto, la necesidad de amor. “Despertó placeres helados…· creo recordar que dice en una ocasión.



El título me cautivó. ¿A qué se refiere? Precisamente a una pieza para clavecín, de Rameau que se interpreta más de una vez y que hasta el final mantendrá un significado especial.


En cuanto al personaje de Ruriko me llegó con mucha nitidez .¿Qué busca? Quizá un oasis, un lugar donde desaparecer por un tiempo, huyendo de la fuerte realidad que va a ser su separación. ¿Lo encontrará en aquella casa de verano, en compañía de dos personas igualmente apartadas? Muy bonitas las descripciones de sus encuentros, por cierto, esas cenas con música...


A ritmo lento, contenida, desbordada solo de forma puntual y con exquisita elegancia, la novela avanza dándonos cada vez más detalles de lo que hiere muy adentro a cada uno de los tres personajes. La escena del clavecín defectuoso y lo que vendrá después, todo va teniendo paralelismo con la vida de la protagonista principal.


¿Y ese fragmento donde la profesora de caligrafía de Ruriko queda a almorzar con ella y le hace poner los pies en la realidad de su futuro? Me parece incluso elocuente el detalle de los dedos grasientos de la maestra comiendo con fruición su marisco mientras la anima a dar un paso en su carrera: la realidad prosaica frente a la evasión, la sensación de que las emociones no pueden estancar el discurrir de la vida.



Como dije, una bellísima novela que te gustará si eres de quienes paladean en vez de leer rápido y que. en mi caso, fue un encuentro casual que superó todas las expectativas.





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