Reseña sobre Javier Reverte: el escritor viajero


¿Qué ocurre cuando quieres conocer otros lugares del mundo pero no puedes?


¡Fácil! Nada como comprarse un libro de viajes. Y eso fue lo que me pasó en cierta época.


El elegido fue, casi de casualidad, Javier Reverte (Madrid, 1944-2020) y sus libros sobre África. Tampoco sé por qué, en verdad, porque de haber podido viajar en ese momento, tal destino no hubiera sido mi elección. Nunca padecí del llamado “mal de África” que acometía a los exploradores hace siglos y les hacía añorar ansiosos el regreso a aquellas tierras.


Sin embargo, el primer libro que me compré de este autor, periodista y gran columnista, fue “Dios, el diablo y la aventura”.

Ya de por sí, el título era sobrecogedor.



Y el protagonista de la biografía también, un jesuita casi desconocido llamado Pedro Páez, nacido en Olmeda de las Fuentes, en 1564, que pretendía a instancias de su orden, llegar a Etiopía en calidad de misionero y a quien se considera el primer europeo que avistó las fuentes del Nilo Azul.


—Ah, ya. Un libro de exploradores—me dirás.

Uff…No exactamente. ¿Y si te cuento que aquel hombre humilde pero animoso, antes de alcanzar Etiopía fue hecho esclavo y pasó años en el temible territorio de Hadramaut, al sur de Yemen? Todo tipo de sufrimientos hasta que su situación llegó a oídos de la corona española y así, enfermo, enflaquecido, con la piel quemada por tantos meses bajo el sol del desierto, fue liberado tras el pago de un rescate.


¿Olvidó su objetivo? Desde luego que no; una vez recuperado emprendió el camino y quizá más desconfiado e incluso más sabio, se las apañó para sortear los peligros hasta alcanzar finalmente Etiopía, donde pasaría el resto de su vida dedicado a su misión, escribiendo incluso libros científicos sobre el lugar y hasta construyendo un palacio de dos plantas para el emperador etíope, a orillas del lago Tana.


Al leer esta biografía, es inevitable estar de acuerdo con Reverte: los hombres de aquella época eran como nosotros, sí, pero parecía como si estuvieran hechos de otra pasta y confiaran en la vida de una forma que a nosotros quizá nos resulte impensable.



En fin, que me acabé el libro y me entraron ganas de más del autor. El siguiente fue “Vagabundo en África”.

—¿Otra historia similar, quizá?—me preguntarás, a lo mejor con interés.


Pues no. Porque en esta ocasión, el vagabundo es el propio Reverte, que siguiendo los pasos de Joseph Conrad en “el corazón de las tinieblas” se propone navegar el río Congo.


La narración engancha, porque desde luego, no se lo ponen fácil. Reverte viaja por África con un presupuesto ajustado, dejándose llevar por las circunstancias, describiéndonos con gran plasticidad los paisajes, la luz, el olor de aquellas tierras y también su miseria y su grandeza. Su experiencia pasando una noche dentro del automóvil en el parque Selous es increíble. Las peripecias prosiguen y finalmente el autor llega a destino: el río Congo. Consigue embarcar y la narración pasa a convertirse en un diario donde su vida incluso peligra.



Y después de esta obra…

—¡¡No me cuentes, más, Ada!! ¡ Está claro que hiciste la maleta y te fuiste a África de cabeza!


Pues no, la verdad es que el libro no me arrastró hasta el Congo. Me compré, eso sí, “El sueño de África”, que también me encantó porque te aporta además una gran perspectiva histórica.


Y a día de hoy, he estado en el continente, pero no he pasado del norte. Aunque cuando alguien me habla del color del cielo o de las playas de Zanzíbar, siento algo especial, es como si las conociera. Y puedo imaginar el paraíso del Serengeti, la locura de Tanzania y sus casualidades... en definitiva me llega algo de lo que es aquel mundo de colores vibrantes y el sufrimiento que arrastra.


No te voy a engañar. Sin llegar a la pasión de Reverte por seguir a Joseph Conrad, alguna que otra vez he organizado mi viaje en busca de algo. Quizá hasta de una figura del pasado a la que he sentido especialmente afín.


Pero en esta ocasión, y de momento, el viaje vino a mí, dentro de los libros.

Y fue un viaje muy feliz.



Así que, ojo al consejo: si no puedes viajar... lee.

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