¿Poeta... o enamorado? (Reflexión)

Seguro que alguna vez has escrito algo y luego te has sorprendido de tus propias palabras. O incluso has dudado de tu estabilidad mental. (A ver, estoy exagerando un poco, no te lo tomes al pie de la letra y aunque fuera así, bendita sea la escritura terapéutica).


¿Te cuento una anécdota? Una clase, hace ya mucho, en la Universidad. Mañana temprana, todo el mundo muerto de sueño y aquel profesor, una eminencia, hablando de los mecanismos de la creación literaria.

—Piensen que si el poeta se expresa así es porque también repara en lo que no ve ninguno de ustedes—nos explicaba un tanto cansino. De pronto se volvió el empollón de la primera fila:—¿Quieren un ejemplo? A ver usted, míreme a los ojos y cuénteme, sin volverse, qué lleva puesto la compañera sentada a su izquierda. Seguro que no es capaz de recordar.


El chaval, con los ojos fijos en las gafas del catedrático, enumeró sin vacilación:

—Chaleco negro con camisa blanca asomando por el cuello, vaqueros azules, cadena de cuero negro con un colgante de estrella…

—¿Y la de su derecha?

—Chaqueta vaquera, foulard azul y rosa, vaqueros grises y pelo recogido en una trenza.

Nuestro profesor se quedó momentáneamente mudo y tras unos segundos exclamó con sorna:

—Amigo mío, usted es sin duda un gran poeta…¡o un gran enamorado!




La clase prorrumpió en risas y a todos nos quedó la duda sobre las artes observatorias de aquel chaval.

Quizá a ti también te pase que te fijas en cosas que los demás no perciben, así que...

¿Será que eres muy poeta? ¿O muy amante de la vida?




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