Microrrelato romántico: "Pétalos prensados"




Si vinieran otra vez esos días de broma infinita, de estío viajero que rodaba en avión sin malas nubes, aquel mar tan abajo, las casas como maqueta pausada en tiempo...

Y nosotros, a la espera del aterrizaje, riéndonos.


Hacía tanto calor… La ciudad nos recibía, como de estreno. Y se tapizaba de besos y abrazos, de piel jugosa y cuerpo acelerado. Y luego, la foto del día, entrelazados hasta el último centímetro, beso de almíbar aprisionado al límite entre mi cuello y tus labios.


Olía a sal la noche; a mar nuevo, a pisadas en arena oscura. Y la playa a amor de vestido blanco, a canción adormecida y a deseo. En mi cabello, una flor; en tus ojos y en tu sonrisa, su reflejo.




Guardé durante años esos pétalos prensados. Rosa pálido en lluvia púrpura de tiempo Hasta aquel día en que acabamos. Hasta hoy, en que he sentido su olor, en este silencio de otoño, en esta noche en que nos hemos encontrado.


El bar está casi vacío. Me pides que me siente. Yo lo hago.

Pienso en aquellos pétalos, privados de agua y lozanía, forzados a vivir presos en un libro que ninguno de los dos hemos escrito. Sé que tú también lo estás pensando.


—Te eché mucho de menos— me dices.


Yo miro hacia abajo. El mar se me aparece. Y la brisa y la orilla vestida de blanco.


Quizá haya otro avión para nosotros, otro verano. Otra flor que ya no aplastaremos en ningún libro..



.

Cierro los ojos. Te escucho.

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