Los malos jueves (microrrelato)












Tu colega se despereza frente al ordenador contiguo, acciona el botón de apagado y te mira con satisfacción.

—¡Al fin se acabó el jueves! Mañana, reunión con los clientes y… ¡a descansar, que nos lo hemos ganado.


Y tú le dices que sí, por cumplir, y le ves coger el abrigo e irse sin que tengas prisa por partir detrás.


A ti no te gusta que hoy sea jueves. Recuerdas que tampoco te gustaba en tus tiempos de universidad, porque Claudia se marchaba a su pueblo cuando acababan las clases al día siguiente,


Te pones la chaqueta y miras con cansancio a tu propio monitor que al fin ha cerrado los ojos. Vas un momento al servicio y te refrescas la cara. Te miras: casi cuarenta años y demasiados días por delante en esta empresa a prueba de crisis.


Vuelves despacio, casi sin ganas de marcharte.


En verdad no te gustan los jueves, porque unos son buenos y otros no. E incluso los buenos traen ya implícita la condena del domingo y los reproches silenciosos de Claudia, que siempre espera con el ceño fruncido en la puerta del piso.


Y te dices que estás muy harto de los jueves malos porque no les sigue la felicidad que te supone el entrenamiento el viernes, ni las horas de bicicleta el sábado por la mañana ni la partida de play por la tarde ni las palomitas para ver el fútbol por la noche.


Y echas de menos los buenos jueves y lamentas aquella tontería que cometiste. Pero sobre todo esa infinita alternancia de quince en quince en la que tu hijo crece, porque sabes que nunca volverá a tener ocho años y quisieras verle a diario y hacer más palomitas en familia, aunque se os quemen. O dejarte ganar en la play o agarrarle del brazo mientras aprende a llevar los patines, aunque en verdad ya haya aprendido a usarlos sin que estuvieras tú.


Llegarás a casa en un rato. Podrías llamar a Claudia, pedirle que quizá por esta vez se invirtieran los fines de semana. O decirle por enésima vez que te equivocaste, que lo sientes. Y que en el fondo la sigues queriendo.


Pero no la llamarás, porque ya sabes la respuesta. Esta noche enchufarás el microondas, no tienes ganas de salir ni tampoco ya con quien... Hoy solo vas a hacer palomitas, a pedir comida china y a esperar que vuelva esa fugaz y agridulce ilusión de familia que en su día no valoraste y que te traerá, como siempre, el próximo jueves.



Nota: este microrrelato surgió de un reto organizado por @pceudonimos y que se centraba en la palabra "jueves".





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