Leyendo novela histórica: "El naranjal y la garza" de Neus Arqués

Como siempre digo, este blog no suele contener las típicas reseñas sino más bien reflexiones . Y en esta ocasión ocurre igual.

¿Por qué he escogido como mi siguiente lectura este libro sobre la reina Juana de Castilla y sus años invisibles en Flandes?

Os cuento una anécdota.


Estudiaba yo bachillerato (ha llovido desde entonces...) y preparaba por esos días un examen de historia sobre el levantamiento de los comuneros en 1520. El profesor, D. Francisco, era exigente al calificar y había que trabajar duro.



Reuerdo que el libro decía:


“Los comuneros se presentaron ante la reina Dª Juana, que les escuchó en silencio…”


Un día después del examen, el temible D. Francisco nos miró a todas (era un colegio femenino) con absoluta desconfianza.

—¿Se puede saber qué ha pasado aquí?¡ ¡Lla misma frase en los treinta exámenes!! ¿Qué c..contra tiene de especial el silencio de Dª Juana?


Y no, nadie había copiado a nadie. Pero esa frase tan enigmática, tan poética incluso, en medio del árido libro de Historia, nos había llegado al alma. ¿Por qué ese silencio de la reina?


Años después he sabido más de esta mujer que quizá no estaba tan loca, que quizá en ese momento crucial no quiso perjudicar a su propio hijo, el emperador Carlos, pero que sobre todo, puede que amara demasiado. Como hija de reyes, Juana fue usada como peón político , pero sin duda era una mujer con carácter. Me encantó cómo aparece en la serie de TV “Isabel” interpretada de manera fantástica por la actriz Irene Escolar y en la película que se estrenó después.


Y me ha encantado encontrar ahora este libro: “El naranjal y la garza” de la gran escritora Neus Arqués, sobre los años invisibles de Juana en Flandes. La obra, cuya información me llegó por internet, no abarca esa etapa posterior, ya como reina enclaustrada en Tordesillas, pero sí esa época en la que se forja su vida y que tanto debió de marcarla.


Es bello llenar los silencios de esas damas de la historia, a las que no se dejó ocupar su puesto. Así que abro el libro y me dispongo a escuchar.


Habla, Juana, habla…







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